martes, 31 de julio de 2012
Allí estaba ella, sentada en la arena de SU playa, de su rinconcito de cielo, simplemente respirando ese toque de sal que la costa trae hasta su nariz; sonríe, todo un largo y duro año pasa antes de que ella pueda volver a ese lugar y cuando llega ese momento lo disfruta de tal manera que todo se le borra de la mente y se queda ahí, quieta, sin hacer nada más que respirar.
Pero tienen que llegar los demonios; no esos de los cuentos que son rojos y malos, no, sus demonios eran mucho más tangibles, eran personas a las que la felicidad les llegaba haciéndole mal a los demás, era gente cruel y despiadada; y ella suspira e ignora, y sigue sonriendo, pero no, ellos no se dan por vencidos y la hacen retroceder...
domingo, 11 de marzo de 2012
Siento Que mi boca Quiere vomitar toda esa porQuería de palabras duras Que sería mejor Que se mantuviesen en secreto, pero las hormonas son traicioneras y sueltan esas palabras Que hacen daño.
La voz de uno por encima de la del otro como en un pulso de decir estupideces, en medio de esta calle fría y desolada en mitad de la noche.
Morderme el labio con fuerza, coger las llaves e irme por la otra calle, por el camino largo, para no compartir con él los últimos pasos de vuelta a casa; lágrimas dolorosas apuñalando mis mejillas y los dedos marcando un número de teléfono en el móvil, para soltar todo eso Que fui capaz de retener en mi garganta para no hacer más daño.
Encontrarnos por desgracia en el portal y subir por las escaleras evitando ascensores con espacios peQueños. Y tirarme en la cama a comerme por dentro de remordimientos pero lo peor... es Que no fue culpa mía, ni dije nada Que no fuese cierto.
Levantarse por la mañana y ni cruzarnos las miradas...
Con él, el Que me enseñó a dar los primeros pasos y caer, y hacerme daño y luego... reírme de mi caída, él, Que evita Que tenga miedo de mi misma.
La voz de uno por encima de la del otro como en un pulso de decir estupideces, en medio de esta calle fría y desolada en mitad de la noche.
Morderme el labio con fuerza, coger las llaves e irme por la otra calle, por el camino largo, para no compartir con él los últimos pasos de vuelta a casa; lágrimas dolorosas apuñalando mis mejillas y los dedos marcando un número de teléfono en el móvil, para soltar todo eso Que fui capaz de retener en mi garganta para no hacer más daño.
Encontrarnos por desgracia en el portal y subir por las escaleras evitando ascensores con espacios peQueños. Y tirarme en la cama a comerme por dentro de remordimientos pero lo peor... es Que no fue culpa mía, ni dije nada Que no fuese cierto.
Levantarse por la mañana y ni cruzarnos las miradas...
Con él, el Que me enseñó a dar los primeros pasos y caer, y hacerme daño y luego... reírme de mi caída, él, Que evita Que tenga miedo de mi misma.
viernes, 10 de febrero de 2012
Dame medo deixar eiQuí as miñas verbas,
dame medo escribir iso Que me sae polos poros da pel
porQue ambos sabemos Que eu só sei escribir cousas tristes.
Teño medo de Que entres e te poñas a ler ás miñas bágoas,
e te culpes a ti mesmo delas cando ti es o Que as retén lonxe da luz.
Quero Que se miras o Que eiQui poño sexa dende lonxe, coma se non fose eu Quen falara, como se fose esa nena triste Que sempre está amarrada ó meu corazón e Que non pensa marchar endexamais.
dame medo escribir iso Que me sae polos poros da pel
porQue ambos sabemos Que eu só sei escribir cousas tristes.
Teño medo de Que entres e te poñas a ler ás miñas bágoas,
e te culpes a ti mesmo delas cando ti es o Que as retén lonxe da luz.
Quero Que se miras o Que eiQui poño sexa dende lonxe, coma se non fose eu Quen falara, como se fose esa nena triste Que sempre está amarrada ó meu corazón e Que non pensa marchar endexamais.
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